jueves, 2 de julio de 2009


El tiempo que pasamos juntos padres e hijos, se aprovecha mejor cuando lo planeamos.

A veces no sabemos que hacer el fin de semana o en las vacaciones, y podemos perder un tiempo valioso para convivir con nuestros hijos. Resulta menos fácil organizarnos para el ocio que para el trabajo, pues pensar que haremos en nuestros tiempos libres requiere de mayor imaginación y creatividad.

Sin embargo preparar actividades fuera de la rutina, da a nuestros hijos sorpresas, alegrías, y placeres inesperados.

Aunque los juegos que surgen todos los días pueden resultar muy divertidos, los padres podemos preparar, por lo menos una o dos veces por semana, alguna actividad original que nos permita pasar un rato agradable.

La etapa escolar nos da a los padres grandes oportunidades para divertirnos con nuestros hijos.

Cuando entra a la primaria, un niño ya es suficientemente independiente como para bañarse, vestirse, ordenar sus cosas. Ayudar en las tareas domesticas, jugar solo y tomar muchas decisiones.

Esto cambia nuestra relación y nos permite periodos más amplios de convivencia para participar en actividades en las que todos los miembros de la familia disfruten.

DIVERSIÓN EN FAMILIA.

Reflexión: la vida familiar no solo consiste en resolver conflictos., gran parte del tiempo
que compartimos puede emplearse simplemente el hecho de estar juntos.


Recomendaciones:}

Comunique con su pareja y sus hijos siempre en forma respetuosa. Los niños aprenden de sus padres todo el tiempo.

No descuide el lenguaje de su cuerpo, que no contradiga sus palabras.

Nunca insulte a su hijo ni levanté el tono de voz. Los gritos hacen que los niños se bloqueen, se encierre en sí mismo y no pueda entender lo que decimos.

Trate de aceptar puntos de vista diferentes a los suyos y de admitir que puede estar equivocado.

Invite a su niño a participar en las discusiones importantes y en los asuntos que le afectan.

No insulte a su hijo ni lo ignore. Mantenga con él una comunicación abierta, clara y respetuosa.

Procure que su comunicación sea clara especifica y concreta.

Si el niño se niega a cooperar, escuche sus razones antes de juzgarlo a sacar conclusiones.

No use fuerzas o castigos.

Una buena comunicación une a la Familia.

No existe una regla básica para la comunicación de las familias, porque al igual que las personas, cada familia es un mundo distinto con un lenguaje único.
Lo que si debería de existir como ayuda a la mejora de la comunicación:
Es la voluntad, el interés, y disponibilidad por parte de los padres.
Si lo que quieres es una familia unida y armónica, la mejor vía es la comunicación.

Es probable que la comunicación funcione si hemos aprendido a escuchar a nuestro hijo. La efectividad del mensaje depende de la calidad de nuestra relación con el.

Cuando el niño siente que lo queremos y nos interesa lo que siente, es posible que este dispuesto a escucharnos y a ser sensible a nuestras necesidades.
Podemos ser firmes y poner límites sin ser ofensivos o irrespetuosos. No demos órdenes al niño a menos que sea necesario. Si lo obligamos siempre a nuestro mandato, pude volverse pasivo y esperar que alguien le diga que hacer o bien no obedecer y desafiar nuestra autoridad.

Un buen mensaje centrado en nosotros puede entenderse como una solicitud de ayuda: “anoche termine de trabajar muy tarde, me gustaría dormir un poco mas y no puedo hacerlo con tanto ruido” Podemos en manos del niño la decisión de ayudarnos.
Cuando un niño no quiere colaborar, indaguemos y escuchemos con interés las razones porque no quiere cooperar.

No caiga en la tentación de usar la fuerza o el castigo.
El deseo del niño por ser solidario y ayudarnos se propicia día a día con respeto.

Usar mensajes claros y respetuosos no solo cambia la conducta del niño sino que transforman también a los padres. Actuar así nos pone en contacto con nuestros verdaderos sentimientos, nos hace más honestos y claros para percibir nuestras necesidades y para aceptar que son importantes y nos permita conocer mejor a nuestros hijos y reduce la tentación de maltratarlos o castigarlos.

El elemento clave de la buena comunicación es el respeto.

Respeto no significa que estemos siempre de acuerdo, sino que escuchemos y expresemos, la expresión de ideas y sentimientos, sin temor a ser juzgados o rechazados. La principal barrera de la comunicación es nuestra tendencia a evaluar, aprobar o reprobar las afirmaciones de los demás.


Dialogar también es escuchar.
Junto con el silencio está la capacidad de escuchar. Hay quien hace sus exposiciones y da sus opiniones, sin escuchar las opiniones de los demás. Cuando eso sucede, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y acaba por perder la motivación por la conversación. Esta situación es la que con frecuencia se da entre padres e hijos.
Los primeros creen que estos últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus opiniones. Escuchan poco a sus hijos o si lo hacen es de una manera inquisidora, en una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de los hijos.
Estamos ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paternales creer que con un discurso puede hacerse cambiar a una persona.

A través del diálogo, padres e hijos se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y su capacidad de verbalizar sentimientos, pero nunca la información obtenida mediante una conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con la convivencia. Por esto, transmite y educa mucho más la convivencia que la verbalización de los valores que se pretenden inculcar. Por otro lado, todo diálogo debe albergar la posibilidad de la expresión.
La capacidad de dialogar tiene como referencia la seguridad que tenga en sí mismo cada uno de los miembros de la familia. Hay que tener presente que la familia es un punto de referencia primordial para el niño: en ella puede aprender a dialogar y comunicarse y, con esta capacidad, favorecer actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores y de tolerar las frustraciones.

miércoles, 1 de julio de 2009

COMUNICACIÓN EN LA FAMILIA.

Una buena comunicación se logra cuando escuchamos con interés, y si hablamos con claridad y sinceridad. Para comunicarnos necesitamos estar dispuestos a exponer honestamente nuestras opiniones, pero también a aceptar diferentes puntos de vista.